Cómo convertir un viaje en un viaje interior

 

A menudo se habla del poder transformacional de los viajes. Pero ¿cómo convertir un viaje en un verdadero viaje interior?

Los viajes socavan nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo y sobre la forma de estar en él. Nos sacan de nuestro adormilamiento habitual. Nos impulsan a desempolvar habilidades.


Pero nada de esto es posible sin un ingrediente previo: la predisposición al cambio.

Sin la predisposición al cambio, un viaje no se convertirá en algo más, al igual que tampoco lo hará una terapia psicológica o una conversación profunda.

Parece obvio, pero no lo es. Las personas experimentamos procesos constantemente, por eso no siempre estamos en situación de querer aprender, abrirnos o cuestionar.

Piensa en alguien que fuma, si algún día lo deja, ¿verdad que será porque así lo ha decidido y no porque otros le hayan repetido hasta la saciedad lo que tiene que hacer?

¿Cómo convertir un viaje en uno interior?

Algunas personas viajan precisamente con la intención de hacer un viaje interior paralelo. Encontrar respuestas, superar algún duelo, conocerse mejor, probarse ciertas cosas…  Otras sencillamente, están abiertas a ello durante un viaje de desconexión o incluso por trabajo.

No siempre volvemos con aquello que nos hemos propuesto descubrir y eso también es abrazar la incertidumbre. Incertidumbre de no saber cuál será la naturaleza de nuestro viaje interior, quizá doloroso, quizá amable, siempre revelador.

Y ¿cómo podemos estar más abiertas al aprendizaje durante nuestro viaje?

Te voy a dar unas claves que te servirán también para el día a día.

Cómo convertir un viaje en un viaje interior

 

Un viaje interior es, en realidad, una conversación contigo misma y como en cualquier conversación, necesitas:

-Atención

Tenemos poco hábito de darnos cuenta de lo que nos pasa interiormente. La atención es como el foco de una linterna; aquello que no está iluminado, no existe. Trata de iluminar conscientemente tu interior un ratito cada día.

-Soledad

Si viajas sola, esto resultará más sencillo (aunque como te contaba aquí, nunca estarás sola del todo).

En caso de viajar acompañada, puedes dedicar un ratito al atardecer para aislarte y procesar los aprendizajes del día. Puedes buscar un lugar cerrado y tranquilo o salir a algún lugar natural, rodeado de vegetación.

-Escribe

Sin duda, escribir será tu herramienta más poderosa. Escribe de la manera en que prefieras, más organizadamente, o como escritura libre, pero hazlo. Evitarás olvidar las ideas que surjan y podrás integrar mejor toda la información, además de volver a ella más adelante. Si te gusta sacar fotos, no dudes en apoyarte en ellas.

-Emociones de intensidad media

Desarrolla tu escucha interior cuando estés tranquila, para poder concentrarte mejor. Cuando sentimos emociones muy intensas nuestra atención entra en efecto túnel y dejamos de procesar correctamente. Gestiona como puedas y sigue en otro momento.

-Camina

Lo bonito de viajar es que nos hace caminar y mucho. Caminar y reflexionar forman un gran equipo. Caminar despeja, hace pensar y reposar ideas.

-Actitud de apertura

No todo es comprensible a través del intelecto, de lo racional. Trata de estar abierta a la posibilidad de escucharte desde diferentes niveles, más allá de los pensamientos.

-Sé compasiva

Es posible que durante tu viaje te veas tentada a juzgarte por sentirte de determinada manera. O por haber actuado de una forma y no de otra. Ante todo, compasión. Estás lejos de casa y sobre todo, estás aprendiendo.  

 

Por último…

Los viajes interiores, por suerte, nunca se agotan. Y eso resulta maravilloso ¿Por qué? Porque aunque tu viaje acabe, y vuelvas a tu cotidianeidad, seguirás viajando interiormente, recogiendo los frutos que hayas sembrado.

Y tú, ¿ya sabes cómo convertir un viaje en un viaje interior? ¿has vivido ya algún viaje que fuera un antes y un después?

Te invito a descargar tu diario emocional de viaje aquí.

¡Te leo!

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