Dependencia emocional

Últimamente me llegan muchas mujeres con dudas relacionadas con la dependencia emocional. En las sesiones me preguntan a menudo: “¿seré dependiente?”

Y es que sí, la mayor parte de las personas que se declaran dependientes emocionales son mujeres.

Y puesto que es un término que lleva tiempo repitiéndose en las redes sociales, voy a tratar de aportar mi granito de arena sobre el tema.

A mí me gusta siempre empezar respondiendo que las etiquetas (la dependiente, la buena, la cuadriculada, la…) pueden ser fuente de sufrimiento sin darnos cuenta y por ello, más nos vale dejarlas para las salsas (el kétchup, la mayonesa, la mostaza…).

Las etiquetas que nos ponen y ponemos a lo largo de la vida, sobre todo cuando no las cuestionamos, nos pueden hacer mucho daño ya que nos otorgan un supuesto valor.

Asimismo, hablar sobre formas de hacer en lugar de sobre comportamientos, lo que la gente ES y no lo que la gente HACE, nos transmite la equivocada impresión de que no hay nada que se pueda hacer para cambiar. Estaremos focalizando la atención en cuestiones mucho más arraigadas (la identidad) y no en algo que es entrenable y modificable (una acción). Y si no hay margen de maniobra, ¿para qué esforzarnos en mejorar?

La clave está en decirnos cosas que nos empujen a movilizarnos.

Cuando una de estas mujeres me pregunta si es ella dependiente, lo que me está preguntando realmente es “¿vengo mal de fábrica o hay algo que puedo hacer para vivir mejor mis relaciones amorosas?”.

Así que antes que nada, te invito a dejar de hablar de SER dependiente, y hablar de COMPORTARSE o RELACIONARSE desde la dependencia emocional.

Suena muy diferente, ¿verdad?

 

Pero ¿qué es realmente la dependencia emocional?

La dependencia emocional consiste en patrones de conducta, afectos y pensamientos de una persona que necesita a otras para funcionar en el día a día.

Esto no sólo se limita a la pareja, sino a amistades y familiares, de los que la persona depende para tomar sus decisiones, ya que no confía en su propio criterio.

¿Te sientes atrapada en tus relaciones?

¿Sientes que querer te hace sufrir?

¿Vuelves siempre a pesar de que no te quieran?

¿Sientes que necesitas siempre de alguien más fuerte que tú para capear las dificultades?

 

Y qué NO es la dependencia emocional

Es preferir estar a veces con ciertas personas en lugar de a solas.

Es buscar cierto grado de aprobación o consejo por parte de quienes te rodean.

Es pensar a menudo en esa persona que te gusta mucho.

Es ponerte triste imaginando que cierta persona deja de estar en tu vida, o sufrir si realmente se marcha o te falta: esto puede ser un proceso de duelo totalmente normal y esperable.

Las personas no somos y nunca podremos ser 100% independientes porque estamos preparadas biológicamente para INTERDEPENDER.

Esto es por lo tanto, aquello a lo que deberíamos aspirar, más que a ser mujeres independientes.

A establecer relaciones saludables y enriquecedoras dentro de la interdependencia.

 

¿Qué factores nos llevan a relacionarnos desde la dependencia emocional?

Depende a menudo de cómo se ha ido construyendo mi autoestima, la valoración que hago de mí: esto depende a su vez mucho de las experiencias vitales.

Por otro lado, nuestra asertividad tiene mucho que ver con cómo hemos sido socializadas como mujeres:

Somos asertivas cuando expresamos con sinceridad nuestras emociones e ideas, cuando hacemos críticas constructivas y las recibimos sin enfados, tendiendo puentes con la otra persona.

Somos asertivas cuando tenemos en mente derechos como decir no, equivocarnos, cambiar de opinión o expresar desacuerdo.

Somos asertivas cuando no permanecemos allí donde nos rechazan.

Somos asertivas cuando no sacrificamos nuestras necesidades y prioridades sistemáticamente “por amor”, en lugar de negociar.

Hay mujeres que han aprendido por imitación de unos modelos de amor en los que primaba el descontrol emocional, el “sube y baja de montaña rusa”, las actitudes femeninas de entrega infinita sin esperar a cambio consideración y afecto.  Estos modelos pueden proceder de la familia, pero también de los medios de comunicación, por ejemplo. Impactan en nuestras expectativas y modelan nuestra manera de amar.

También puede ser que no estemos gestionando correctamente nuestra soledad, y aquello de “más vale sola que mal acompañada” no nos entre en la cabeza, por la sencilla razón de necesitar compañía como si se tratara de aire para los pulmones.

Todo ello favorece y apuntala que nos relacionemos desde la dependencia emocional.

Nuestra forma de apegarnos en los primeros años de nuestra vida a las figuras importantes también puede tener que ver con cómo funcionamos en la vida adulta.

 

¿Y qué puedo empezar a hacer?

Identifica tu diálogo interior

Tanto si te has estado relacionando de esta manera como si te has dado cuenta ahora, es posible que te estés hablando de forma culpabilizadora, que te sermonees.

Hablarnos mal no siempre resulta evidente, así que estate atenta y observa tu interior.

¿Cómo te hablas cuando te descubres necesitando a otra persona? ¿o sintiéndote pequeñita?

Ten en cuenta que nuestras emociones están ahí por algo, nos dan información, y no por ello habríamos de juzgarnos o censurarnos.

Por ejemplo, si me doy cuenta de que me da mucho miedo la soledad, lo ideal es acoger esto con cariño y autocompasión y no con rabia o con vergüenza de una misma, ¿no crees?

Analiza el tipo de dinámicas que te rodean

¿Cómo son tus relaciones? ¿te pasa con todas las personas o solo con determinados perfiles?

¿En qué comportamientos concretos (visibles o no) detectas dependencia?

¿Cómo reacciona la gente ante esos comportamientos tuyos? ¿los refuerzan de algún modo?

Ten en cuenta que dos no hacen si una parte no quiere, es decir, hablamos de dinámicas.

Localiza las necesidades

¿qué necesidades humanas estás tratando de cubrir en tus interacciones? ¿protección, apoyo, seguridad…?

Ahora piensa en otras posibles maneras de cubrirlas por tu cuenta.

Busca caminos alternativos

Ahora que tienes más identificados estos patrones o comportamientos, y aquellas situaciones concretas en que las emociones primarias te llevan a relacionarte desde la dependencia, ¿qué otra cosa podrías hacer?

 

¿Te sientes identificada?

Te mando un fuerte abrazo,

Isabel.

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