Cómo el Feminismo mejora tu Autoestima

La autoestima feminista: el cambio de dentro hacia afuera

La autoestima es un proceso de cambio que funciona de dentro hacia afuera.

De lo personal a lo social.

Gloria Steinem dijo que la revolución feminista empieza en una misma, en su vida cotidiana, transformando sus relaciones personales y posteriormente, su vida y participación política y comunitaria.

Los cambios personales repercuten en nuestro entorno más cercano, como las ondas del agua cuando una hoja cae al río.

Según Steinem, la autoestima no es una cuestión exclusiva de la vida personal, familiar o laboral, ya que “lo personal es político”.

La mejor manera de trabajar nuestra autoestima consiste en “replantearse la educación recibida y los valores imperantes”. Valores que están muy influenciados por nuestro contexto y tipo de sociedad.

Analizar la autoestima desde el feminismo quiere decir analizar la autoestima de forma crítica y no neutral.

Ya que nuestras experiencias, nuestras vivencias, nuestra identidad incluso y nuestra autoestima vienen en gran medida marcadas por el sexo que se nos asigna al nacer.

Todas somos diferentes pero también cargamos con expectativas comunes.

El trabajo en valores es algo que se da a menudo en terapia, especialmente cuando el malestar tiene que ver con las siguientes demandas:

-“Me gustaría conocerme mejor”

-“Me siento perdida”

-“No sé si estoy donde quiero estar”.

Es nuestra responsabilidad revisar qué valores hemos asumido por inercia, para poder cuestionar y determinar con qué valores realmente nos sentimos alineadas.

Para poder distinguir aquello que realmente es nuestro, aquello con lo que finalmente decidimos comulgar.

 

Feminismo y bienestar emocional

¿Te cuento un secreto a voces?

No eres la única (a la que le pasa lo que le pasa).

Miles de mujeres en todo el mundo se hacen las mismas preguntas, acumulan las mismas dudas, viven las mismas experiencias difíciles, las mismas emociones (en particular la culpa, el miedo y la vergüenza, socialmente más aceptadas en las mujeres).

El feminismo nos abraza a todas en el alivio de esa primera realidad: no estamos solas.

¿Te has dado cuenta de que cuando una mujer habla de forma testimonial, todas las demás acuden a hacer lo mismo, como en un efecto cascada?

Es lo que ocurre cuando alguien le pone nombre a algo que a ti también te toca.

De pronto, ¡tiene sentido!

Y este proceso puede ser muy duro, pero también es extremadamente liberador.

Otra característica por la que el feminismo mejora nuestro bienestar como mujeres es porque nos invita a sanear las relaciones con otras mujeres: relajamos la presión de competir por la atención de los hombres.

Observar a la otra no como una amenaza o adversaria, si no como una posible aliada, alguien de quien aprender o a quien admirar en lugar de envidiar, alivia nuestra carga. Esa carga que nos mantiene distraídas debido al miedo. Miedo a quedarnos solas, miedo a ser rechazadas, miedo a no ser deseables, a no ser elegidas.

El feminismo nos da herramientas para promover nuestra autonomía y romper con muchos miedos que desarrollamos las mujeres, como el miedo a la soledad o el miedo al ¡éxito!

Nos ayuda a conectar con nuestra voz y nos da ese empuje que muchas veces necesitamos para hacernos escuchar y abrazar el derecho a ser escuchadas. En general, nos recuerda nuestros derechos asertivos.

Nos ayuda por ejemplo, a redefinir el concepto de egoísmo.

Además, nos recuerda que lo que vivimos es algo normal dentro de una situación anormal: una situación en la que hemos recibido violencias, desvalorizaciones, sobrecarga de cuidados, falta de opciones… como veremos a continuación.

 

Causas de la baja autoestima en Mujeres

Existe una brecha de género en la autoestima entre hombres y mujeres, como veíamos en este otro artículo de aquí.

¿Cómo es esto posible? ¿No debería ser similar, unas personas con mayor confianza en sí que otras creando un promedio?

Pues sí, es posible.

Hombres y mujeres seguimos siendo educados de formas muy distintas. Incluso antes de nacer, las expectativas de lo que se espera de nosotras o de ellos ya rondan a nuestras madres.

Se ponen en marcha toda una serie de expectativas y estereotipos que actuarán en función de nuestro sexo. Se sabe que desde muy pequeñitas, las niñas empiezan a ser conscientes de la diferencia, pero sobre todo de la desigualdad.

Algunas realidades que nos frenan a la hora de sentirnos capaces y válidas:

  • Posición de subordinación social
  • Sobrecarga de los cuidados
  • Violencias de todo tipo
  • Falta de referentes femeninas (por ejemplo, en los libros de escuela)
  • Pocas oportunidades o mayor precariedad

Todas estas circunstancias propias de las sociedades patriarcales tienen un impacto sutil y casi siempre invisible en nuestras vidas.

 

La discriminación interiorizada

Existe algo llamado “discriminación interiorizada” y que afecta a cualquier colectivo desaventajado (sea por el sexo, la orientación sexual, la etnia, la clase social…).

Y es que las personas no somos impermeables al contexto en que vivimos: igual que un contexto de pobreza afecta a nuestra salud mental, un contexto de trato desigual, un contexto discriminatorio con las mujeres conlleva efectos negativos.

Y uno de esos efectos consiste en que nosotras mismas acabamos por asumir o interiorizar esa inferioridad.

Por supuesto es un proceso sutil, el patriarcado lo es. No nos damos cuenta.

Así, la próxima vez que alguien diga cerca de tilas mujeres son las peores, son las más machistas” ya puedes explicarle lo que realmente ocurre.

 

Autoestima, cuidados y culpa

Desde el punto de vista feminista, el trabajo en autoestima tiene mucho que ver con poner los cuidados en el centro. Y entre los cuidados se incluye el auto-cuidado. El cuidado de una misma.

Aunque a veces eso implique “des-cuidar” de los demás, de quienes nos hacemos responsables.

Si no estás segura de que esto tenga que ver contigo, te ofrezco una herramienta:

¿Cuál es la mejor manera de dar con una presión de género en tu día a  día?

Sigue el rastro de la culpa.

Las mujeres nos sentimos culpables principalmente cuando no nos hacemos cargo de las necesidades ajenas sobre las nuestras.

Esto ocurre mucho cuando por fin damos carpetazo a resolver problemas ajenos de forma sistemática y empezamos a mirar también por nuestras necesidades, de las que nadie se ocuparía si no.

La culpa es el último y más peligroso escollo hacia la autoafirmación femenina.

Y la culpa deteriora nuestra autoestima porque además se centra en el problema y no en la solución.

Nos hace sentir impotentes, incapaces y malas personas, malas mujeres (mala hija, mala madre, mala novia…).

 

Cómo trabajar tu autoestima

Hemos de poder conocernos, conocer nuestras necesidades, nuestro mundo emocional, nuestros deseos, aquello que nos mueve, que nos inspira y aquello que nos repele.

Hemos de poder conocer todo esto para darle el espacio central que merece.

Para romper con las limitaciones de conducta, pensamiento y emoción que nos impone la socialización de género tanto a hombres como a mujeres.

Hemos de cambiar el foco de fuera adentro.

Hemos de conocer nuestros derechos y algunos de ellos son el derecho a estar y sentirnos bien. A decir no. A equivocarnos.

Hemos de convertirnos en las principales defensoras de nuestros intereses y procurar mejorar nuestra relación con nosotras mismas de manera que sea sostenible en el tiempo.

Para no querer escapar de nosotras mismas ni acudir siempre a otras personas en busca de respuestas, compañía, protección…

Las personas necesitamos a otras personas y eso siempre será así.

Pero una autoestima fuerte nos permitirá depender principalmente de nosotras mismas. Vernos como hogar.

Y esa es la única gran certidumbre que no debemos olvidar.

Si quieres ahondar en el trabajo de tu autoestima, ¡tengo una gran noticia!

He creado esta caja de herramientas de Autoestima Feminista que puedes encontrar aquí.

¡Ojalá te sea muy útil!

Añadir un comentario

Tu dirección de email no será publicada. Los campos marcados con * son obligatorios